Karate en las Artes Marciales Mixtas (MMA)

El otro día estaba entrenando en el gimnasio cuando el maestro de Jiu-jitsu se me acercó. Me estuvo comentado muy emocionado las peleas que había visto en los combates de GOL TV que hacen en las madrugadas en abierto, donde los karatekas habían tenido un papel importante en esas veladas. También me habló de algunas de las técnicas que había visto en la noche del Karate Combat y que le estaba causando sensación por su dureza y espectacularidad.

Las artes marciales mixtas (conocida frecuentemente por sus siglas en inglés MMA, de Mixed martial arts) son la combinación de técnicas provenientes de distintas artes marciales y deportes de combate. El precursor del reglamento actual de las MMA puede hallarse en sus primeros eventos, donde originalmente se promovían luchas con normas mínimas, con la intención de encontrar la disciplina marcial más efectiva para el combate cuerpo a cuerpo. Más tarde, los luchadores comenzaron a adoptar técnicas de múltiples artes marciales en su estilo, lo que conllevó a la adopción de reglas adicionales destinadas a aumentar la seguridad de los competidores y promover su aceptación como deporte.

Los karatekas como yo disfrutamos de ver a luchadores de MMA en que su principal arte de combate es el karate. En ellos, de algún modo, podemos identificar alguna de las técnicas que usamos diariamente en nuestro entrenamiento en un entorno completamente aplicado al combate (aunque sea en un entorno deportivo y con reglas). Grandes luchadores de las diferentes organizaciones de MMA (como UFC, Bellator, Pride, Shooto, M-1, Cage, etc.) han sido y son excelentes karatekas.

Cuando las MMA comenzaron a ganar popularidad en el mundo de las artes marciales, el karate y otros estilos tradicionales fueron considerados ineficaces, pero a medida que pasaron los años, estilos como el karate se han disparado de nuevo a la relevancia gracias a tipos como el ex campeón de peso semipesado de UFC Lyoto Machida. Utilizando su rápido juego de pies, su postura de lucha poco ortodoxa y sus golpes basados ​​en el karate, Machida fue uno de los pioneros en el uso de este arte en MMA. Hoy, las técnicas utilizadas en el karate están comenzando a integrarse en los arsenales de muchos luchadores. Cada vez más luchadores basados ​​en el karate también están dando el salto al MMA y están encontrando una gran cantidad de éxitos.

Lyoto Machida: nacido el 30 de mayo de 1978, es un peleador brasileño-japonés de artes marciales mixtas que actualmente compite en la categoría de peso medio de Bellator MMA. Machida ha sido campeón de peso semipesado de UFC en una ocasión. Nació en la ciudad de Salvador de Bahía, en Brasil, como el tercer hijo del maestro en Karate-Do estilo Shotokan 8 Dan de la Japan Karate Association o (JKA) Yoshizo Machida.​ Lyoto empezó a entrenar Karate a la edad de tres años y ganó su cinturón negro a los trece. También comenzó a entrenar sumo a los doce años y en jiu-jitsu brasileño desde los quince. 

Georges St-Pierre: de origen franco-canadiense, nació el 19 de mayo de 1981 en Saint-Isidore, Quebec.  Es un actor y un expeleador de artes marciales mixtas que fue campeón de peso wélter de UFC en dos ocasiones. St-Pierre ha sido durante varios años clasificado como el peso wélter No.1 en el mundo. Comenzó a aprender Karate a los siete años de la mano de su padre y después de un maestro en karate kyokushin. Aprendió también Lucha, Jiu-Jitsu Brasileño y Boxeo.

Bas Rutten: nacido el 24 de febrero de 1965, es un peleador holandés retirado de artes marciales mixtas y lucha libre profesional. Con un Campeonato de Peso Pesado de UFC y tres títulos de King of Pancrase en su haber, así como una racha de 22 combates invictos durante varios años, Rutten es considerado un pilar de la compañía Pancrase y una de las figuras más famosas de las MMA. Empezó Taekwondo a los 12 años, y después de un parón, volvería al taekwondo a los 20 años para lograr obtener el grado de cinturón negro primer Dan. Rutten entrenó en karate de estilo Kyokushin, y eventualmente empezó a competir en muay thai y kickboxing.

¿Y a ti te gusta ver los combates de MMA?

¿Qué es un Kata?

Muchas veces escuchamos la palabra Kata en artes marciales japoneses, pero no todo el mundo sabe exactamente lo que es. A veces los nombres de estos Katas simplemente son números, escenas bucólicas, grandes acontecimientos, movimientos de la naturaleza, nombres de personajes históricos, etc.

LA FORMA

Kata 型 o 形 o ‘forma’ es una palabra japonesa que describe lo que en un inicio se consideró una serie, forma o secuencia de movimientos establecidos que se pueden practicar tanto en solitario como en parejas. Se practica kata en escuelas tradicionales de arte japonés, como por ejemplo en kabuki o ‘formas teatrales’ y en escuelas de ceremonia del té o chadō, pero se asocian comúnmente a las artes marciales. Los kata se usan en la mayoría de las artes marciales de Japón y Okinawa, tales como: Aikido, iaidō, Jojutsu, Judo, kobudō, kendo y Karate. Otras artes marciales previas a las japonesas como el taichí chino, y en más modernas derivadas de las disciplinas japonesas, como el taekwondo tienen el mismo tipo de entrenamiento, pero para describirlo usan palabras en sus idiomas chino y coreano respectivamente.

Así de variada es la práctica de los kata. Son usados en la práctica diaria, en competiciones y en demostraciones públicas, pero en todas estas instancias se busca constantemente la perfección en la ejecución. Es clave al realizar un kata poner énfasis en la corrección en el equilibrio, en la respiración, en la coordinación del tiempo y la distancia, en la aplicación precisa de la tensión muscular (kime) y en conservar la conciencia de lo que rodea al practicante; al inicio, durante y al final de cada técnica (zanshin) para asemejarlo a un combate real. El practicante debe concentrarse para visualizar los ataques del oponente y para que sus respuestas a estos ataques se realicen como si efectivamente el combate fuera real.

KATAS DE KARATE

Los nombres de varias de los kata pueden estar igualmente asociados al número de movimientos, como «nijushiho» (literalmente,24 pasos), al nombre del maestro que los creó, como «Matsumura no Bassai» (bassai de Matsumura), a la sensación de movimiento que puede transmitir el kata, como «enpi» (el vuelo de la golondrina), o a la estructura metodológica a seguir como Pinan/Heian 1-5 o shodan, nidan, sandan, yondan, godan. Asimismo algunos de los nombres muchas veces están asociados también en un sentido espiritual a aspectos del Budismo esotérico o mikkyo, del Budismo zen, o del Taoísmo.

<<Los nombres de los katas no son únicamente meros identificadores, nos dan a conocer su historia y características. Estudiando sus nombres conocemos mejor la esencia y el significado de los katas. El Maestro Gichin Funakoshi (1868-1957) al llegar a Japón desde Okinawa transmitió 15 katas fundamentales: 5 Heian, 3 Tekki, Kanku Dai, Bassai Dai, Enpi, Jion, Jitte, Hangetsu y Gankaku. En años posteriores otros katas serían añadidos al sistema
Shotokan.>> (Los nombres de los Katas Shotokan. Víctor López Bondía. 2006)

KATAS DE KARATE SHOTOKAN
NOMBRESIGNIFICADO
Taikyoku大極“La Gran Conclusión”
Heian平安“Paz y Tranquilidad”
Tekki鉄騎“Jinete de Hierro”
Bassai抜塞“Penetrar la Fortaleza”
Kanku観空“Mirada al Cielo”
Jion慈恩“Piedad [y] Bondad”
Jiin慈蔭“Piedad [y] Sombra”
Jitte十手“Diez Manos”
Enpi燕飛“El Vuelo de la Golondrina”
Hangetsu半月“Media Luna”
Gankaku岩鶴“La Grulla sobre la Roca”
Wankan王冠“Corona de Rey”
Chinte珍手“Mano/s Rara/s“
Meikyo明鏡“Espejo Brillante”
Nijushiho二十四歩“24 Pasos”
Gojushiho五十四歩“54 Pasos”
Unsu雲手“Mano/s de Nube/s”
Sochin壮鎮“Robusto [y] Tranquilo”

20 principios de Funakoshi sensei

El Maestro Gichin Funakoshi (1868-1957) nace en la ciudad de Shuri, Okinawa en el seno de una familia de nobles. Pese a ser un niño enfermizo, se inicia en el Karate destacando por su habilidad y constancia. Con el tiempo, se transformaría en uno de los más importantes exponentes del Karate. El maestro escribió diversos libros durante su vida. Los 20 Preceptos de Gichin Funakoshi fueron publicados en la obra clásica de 1938 «Karate-do Taikan» (Una perspectiva general del Karate-do).

Gichin Funakoshi, también conocido como «el padre del kárate», expone estos 20 principios como modelo de orientar a sus discípulos a explorar plenamente los aspectos espirituales del Camino (Do) del Karate. Sirven de fuente de reflexión incluso para quienes no practican karate.

  1. KARATE-DO WA REI NI HAJIMARI, REI NI OWARU KOTO WO WASURUNA.
    El Karate empieza y termina con “Rei” (La Cortesía).
  2. KARATE NI SENTE NASHI.
    En Karate no existe el primer ataque.
  3. KARATE WA GI NO TASUKE.
    El Karate ayuda a la justicia.
  4. MAZU JIKO WO SHIRE, SHIKOSHITE TAO WO SHIRE.
    Antes de intentar conocer a los demás, conócete a ti mismo.
  5. GIJUTSU YORI SHINJUTSU.
    El espíritu es más importante que la técnica.
  6. KOKORO WA HANATAN KOTO WO YOSU.
    Es necesario liberar la mente.
  7. WAZAWAI WA GETAI NI SHOZU.
    Los accidentes nacen de la falta de atención.
  8. DOJO NOMINO KARATE TO OMOU NA.
    El Karate no es sólo para dentro del Dojo.
  9. KARATE NO SHUGYO WA ISSHO DE ARU.
    El aprendizaje de Karate requiere toda una vida.
  10. ARAI-YURU MONO WO KARATE-KA SEYO, SOKO NI MYO-MI ARI.
    Al incluir el Karate en la vida diaria, es posible descubrir sus aspectos más sutiles y profundos, llamados “Myo”.
  11. KARATE WA YU NO GOTO SHI TAEZU NATSUDO WO ATAEZAREBA MOTO NO MIZU NI KAERU.
    El Karate es como el agua hirviendo; si no la mantienes al fuego, el agua se enfría.
  12. KATSU KANGAE WA MOTSU NA MAKENU KANGAE WA HITSUYO.
    No pienses que tienes que ganar. Piensa que no tienes que perder.
  13. TEKKI NI YOTTE TENKA SEYO.
    La victoria depende de la habilidad de distinguir cuales son los puntos vulnerables y cuales los invulnerables (de sí mismo y del oponente).
  14. TATTAKAI WA KYO-JITSU NO SOJU IKAN NI ARI.
    Adapta tu actitud en función de tu adversario.
  15. HITO NO TE ASHI WO KEN TO OMOE.
    Piensa en las manos y los pies como si fuesen espadas.
  16. DANSHI MON WO IZUREBA HYAKUMAN NO TEKKI ARI.
    Al salir de casa piensa que un millón de enemigos te esperan.
  17. KAMAE WA SHOSHINSHA NI ATO WA SHIZENTAI.
    Las posiciones son para los principiantes, después posturas naturales.
  18. KATA WA TADASHIKU JISSEN WA BETSU MONO.
    El kata es una forma de entrenamiento; un combate real es una circunstancia totalmente diferente.
  19. CHIKARA NO KYOJAKU, KARADA NO SHINSHUKU, WAZA NO KANKYU WO WASARUNA.
    Nunca olvides: la correcta aplicación de la fuerza; la contracción y relajación del cuerpo; la velocidad en las técnicas.
  20. TSUNE NI SHINEN KUFU SEYO.
    Intenta siempre aplicar correctamente todo lo que has aprendido.

El espíritu imbatible de Fudō

Juan sensei, del Blog Karate Creole, escribió un artículo sobre la posición llamada Fudōdachi, que se relaciona con la deidad Fudō, muy representada en el arte tradicional japonés:

Durante el seminario con el Sensei Scott Langley en Barcelona en Abril de 2018, practicamos el kata Sōchin (壯鎭), fuerza y calma, es un kata en el que la contundencia al mismo tiempo que el anclaje a tierra en cada paso son notables; y para ello la correcta ejecución de Fudōdachi es de total relevancia.

Aunque la posición ha ido evolucionando, al mismo ritmo que el Shotokan se podría decir, este vídeo ejemplifica no sólo la evolución de la posición a través del tiempo sino también las diferentes ejecuciones que cada artista marciales capaz de darle. Ni remotamente me atrevo a entrar en el debate de cual es correcta y cual no, o cual es más correcta, creo que todos los que aparecen el vídeo tienen reconocimiento de la comunidad marcial y con esto me basta para pensar que tendran sus motivaciones para hacerlo de una u otra manera.

Luego de la clase visual de la historia reciente o evolución del kata Sōchin les dejo una breve explicación visual y consiguiente traducción al castellano de algunas de las indicaciones del Sensei Scott Langley sobre la posición, que parece ser la ejecutada recientemente por casi todos los del video anterior tal vez a excepción de los de competición.

“Fudōdachi, no sólo se utiliza en el kata Sōchin también en otros katas avanzados de Shotokan, esta posición permite utilizar la cadera para generar poder, a diferencia de Zenkutsudachi las piernas no están involucradas en esta generación y por el contrario permanecen inamovibles en los cambios de hanmi a shomen y viceversa. La posición tiene una forma rectangular, el pie delantero se coloca apuntando a objetivo, igualmente tu muslo, el cual permanece tan horizontal como puedas, haciendo un angulo de 90º , el pié de atrás se coloca a 45º igual que la rodillas, al avanzar se procura contraer completamente ambas piernas sin modificar la altura de la posición mientras se hace la transición” La distancia entre talones es la misma que para Zenkutsudachi.

Sensei Hotton explica que es como si todo tu peso estuviera debajo de tus pies. Se busca entonces una sensación de enraizamiento al suelo, como si nada te pudiera sacar de ahí, ni mil demonios que te atacan mientras te defiendes de ellos con una espada sin filo en medio de un lodazal, o bueno, algo similar.

Si nos vamos un poco más atrás en el tiempo podemos ver ejecuciones donde el pié delantero esta paralelo al pié posterior como se aprecia en la siguiente foto de Nakayama Sensei.

ALGO DE CULTURA

Fudō 不 動 es un término usado a menudo en el budismo Zen para representar un estado mental; uno de inmovilidad. En las artes marciales, el kanji Shin 心, que significa espíritu o voluntad, a menudo se agrega a los kanjis de Fudō y se convierta en Fudō-shin 不 動心, un término que significa espíritu tranquilo o inmóvil, incluso cuando se enfrenta al peligro, sin miedo o confusión y uno eso no dura ni se fija en nada.

Muchos samuráis japoneses veneraron a la deidad Fudō Myō-ō 不 動 明王. Se vieron a sí mismos como guardianes del orden en un momento en que la nación estaba asediada por el desorden. Fudō Myō-ō también representó el más alto logro del estado mental samurai; la mente no se mueve y el cuerpo no está inquieto, incluso cuando está rodeado de peligro.

Fudō Myō-ō es una de las deidades importantes y veneradas del budismo japonés. Su estatua se puede ver en tantos lugares en Japón que no es raro encontrar uno cerca de una cascada o simplemente por un camino de montaña. Su nombre literalmente significa ‘El Rey de la Sabiduría Inamovible’. Él es el guardián del budismo y uno de los cinco reyes de la Sabiduría junto con Gōzanze, Gundari, Daiitoku y Kongōyasha. Como tal, él es la figura central y cuando los Cinco Reyes de la Sabiduría están representados juntos, por lo general está en el medio.

Además de los videos se ha plasmado información basado en el blog: bujutsumartialarts; también pueden dirigirse a Shotokan Magazine donde hay un artículo muy completo al respecto.

Fuente: https://karatecreole.com/2018/04/19/fudo-el-espiritu-imbatible-y-fudodachi/

Calentamiento, puesta a punto para el entrenamiento

Independientemente de si tienes pensado hacer una clase de kumite o una clase de kihon/kata o de autofensa el calentamiento es lo primero que debemos hacer. Aquí dejo algunos comentarios y consideraciones al respecto así como algunos recursos que pueden ser de utilidad.

“La mente en situación” Cuando estas bajo la guía de tu instructor a muchos nos pasa que el momento del calentamiento no somos enteramente conscientes de lo que vamos haciendo y simplemente seguimos las instrucciones sin más, primer error, el calentamiento es nuestra puerta de entrada y nuestro espacio de tiempo para situarnos dentro de la clase, por lo que debemos procurar ir poniendo nuestra atención y enfocarnos al 100 por 100, así al momento de comenzar la clase como tal habremos conseguido el estado mental que necesitamos para aprovecharla al máximo.

“Los músculos también son conscientes” De la misma manera en que la mente se sitúa en el entrenamiento, los músculos también lo hacen, pero eso un consejo recurrente suele ser que adaptemos nuestro calentamiento al tipo de clase que vamos a hacer, por otro lado algunos instructores y siguiendo el punto anterior mantienen siempre el mismo calentamiento como una suerte de ritual que ayuda a enfocarte a lo que viene. Para la mayoría de las clases de karate un calentamiento dinámico y vigoroso para “indicarle al musculo que ha de prepararse” puede convenir. en este sentido dejo con un vídeo del Sensei Richard Amos en el que hace una rutina que podría bien ser útil en la mayoría de clases/entrenamientos de karate u otras artes marciales.

“Haz karate” Otra opción que me suele gustar bastante es utilizar o bien katas o bien kihon e ir comenzando con muy baja intensidad y poco a poco subiéndola, igualmente comenzar con posiciones poco exigentes y poco a poco ir bajándolas y alargándolas para calentar y estirar al mismo tiempo, siempre agregando algunos estiramientos dinámicos específicos al final. Buena oportunidad para entrenar conscientemente la base Taikyoku katas o kihon básico y corregir detalles posturales y de ejecución.

Taikyoku katas:

Recordemos que lo que queremos conseguir con el calentamiento es que el cuerpo entre en temperatura, que la sangre comience a circular y que las articulaciones y músculos comiencen a hacer los movimiento que vendrán durante la clase preparándoles y evitando lesiones. Lo ideal sería invertir unos 10-15 minutos en el calentamiento.

Este artículo ha sido escrito por Juan Manuel Ferrero y publicado originalmente en el blog de Karate Creole.

Tu postura te define

Tu cuerpo está sometido a la fuerza de la gravedad. A través de la postura, mantenemos un equilibrio entre:

  • la gravedad
  • el eje del cuerpo
  • el punto de apoyo

La gravedad, en física, es una de las cuatro interacciones fundamentales. Por efecto de la gravedad tenemos la sensación de peso, si estamos en un planeta o satélite. La aceleración con que caen los cuerpos (aceleración de la gravedad) es g = 9,8 m/s2).

Las fuerzas g no son una medida de fuerza sino una medida intuitiva de aceleración. Está basada en la aceleración que produciría la gravedad terrestre en un objeto cualquiera en condiciones ideales (sin atmósfera u otro rozamiento). Una aceleración de 1 g es generalmente considerado como equivalente a la gravedad estándar. Al toser, experimentaréis una fuerza de 3,5 g. Aunque sólo durante una fracción de segundo. Si pesáis, por ejemplo, 77 kg, entonces una tos normal se traduciría en una fuerza g muy breve de 269 kg. Una palmada en la espalda: 4,1 g. Desplomarnos en una silla: 10,1 g. Bajar un escalón: 8,1 g. Un estornudo produce 2,9 g. Con él, expelemos aire y gérmenes a más de 160 km por hora. Cuantas más g o “tirones” experimentéis, más posibilidades habrá de que sufráis una lesión. Pero el peligro está en soportar ese tirón durante mucho tiempo. (El club de los supervivientes de Ben Sherwood)

Los ejes del cuerpo son líneas de referencia virtuales que pasan a través del cuerpo humano y se usan para describir la alineación y la topografía de las estructuras anatómicas. … Los tres ejes también definen los tres planos del cuerpo: frontal, sagital y transversal.

El punto de apoyo es un elemento estructural en el que se produce la transmisión de su reacción a una carga, en forma de fuerza sobre el elemento sustentante. Es interesante pensar que el cuerpo humano es como una torre: si la base no está bien sostenida, de una forma u otra el resto del cuerpo se desalineará en algún punto del recorrido de pies a cabeza. Esto nos haría pensar que con un buen punto de apoyo todo está resuelto, pero no.  Un buen equilibrio requiere de una alineación completa de la estructura del cuerpo.

Una mala postura sobrecarga los huesos, los músculos y los tendones. Hacer alguna de estas acciones puede ayudarte: Cambiar de vez en cuando de posición ayudará a descargar tus vértebras; alinear tu cuerpo con una línea imaginaria que vaya de tu coronilla hasta el suelo; repartir por igual el peso entre las dos piernas…

UNA BUENA POSTURA TE HARÁ SENTIR CONFIANZA

Encorvarse es el primer paso hacia una postura de protección de los órganos vitales. Igual que cruzarse de brazos, muestra falta de confianza en uno mismo y falta de apertura ante las personas que tenemos en frente. Pero no sólo eso, la mera postura hace que nos sintamos pequeños, faltos de fuerza, faltos de ganas.

Sentarse de forma correcta puede aportar bienestar psicológicoconfianza autoestima. Richard Petty, profesor de psicología en la Universidad Estatal de Ohio (EE.UU.), asegura en un trabajo publicado en «European Journal of Social Psychology» que una postura correcta da mayor seguridad en los propios pensamientos y en la manera de pensar sobre uno mismo, sean creencias positivas o negativas. Sentarse de forma correcta es un signo de confianza en uno mismo. Por el contrario: mantenerse cierto tiempo con la espalda encorvada refleja inseguridad y hasta aburrimiento. La posición del cuerpo provoca a su vez cambios internos en la toma de decisiones. La postura corporal influye en la forma de pensar de uno mismo y en la opinión que los demás tienen acerca de esa persona.

LA POSTURA «SEIZA»

Al inicio y fin de una sesión de entrenamiento en el dojo siempre se realiza un ceremonial. Cada arte marcial posee el suyo propio. En nuestro dojo normalmente usamos el Seiza, que es una postura muy común en Japón y en las Artes Marciales, que se traduce como “Sentarse de forma Correcta” y corresponde a sentarse sobre los talones.

La manera de realizar el actual Seiza es posterior a la Restauración Meiji, englobada en una de las tantas modificicaciones que se realizaron en la estructura social de Japón. El especialista japonés Hidemasa Yatabe iba más allá concretando la aparición del término en una acción del gobierno estructurado en el período Meiji en el siglo XIX.

Pese a ser una posición considerada ceremonial o respeto, Seiza permite cuidar la espalda y la cintura, mejorando la respiración (e incluso mejora el flujo energético). Hacer seiza es una parte integral y necesaria de muchas artes tradicionales japonesas, como la ceremonia del té, la meditación (Zazen), y ciertas artes marciales. Seiza es también la forma tradicional de sentarse mientras se está haciendo otras artes como shodō (caligrafía) e ikebana (arreglos florales), aunque con el incremento de muebles de estilo occidental, esto no es siempre necesario.

Si tu estado físico no te permite realizar correctamente esta postura, hay otras variantes que te pueden ayudar.

En resumen: Gana vitalidad con un buen hábito postural.

La meditación en el Budo

Antes de entrar en la temática de éste artículo, hay que definir un par de términos:

  1. RAN-AI:
    1. Formado por dos palabras japonesas RAN y AI cuyo significado seria: armonizar el caos.
    1. Serie de Shinto Muso Ryu Jojutsu. Ésta es la síntesis de las series precedentes Omote y Chudan. Mediante ella nos preparamos para continuar el camino con series de carácter más interno. Podríamos decir que es un punto de inflexión en el que dejamos atrás las primeras series Omote y Chudan, más externas, para prepararnos hacia series que nos irán mostrando la vía interior de SMR Jojutsu.
  2. MEDITAR:
    1. Del latín “meditatio”,  significa “stare médium”, lo que traducido es algo así como “permanecer en el centro”.

Normalmente a lo largo del día, estamos dispersos, en muchos sitios y en ninguno, dando vueltas y vueltas en la periferia de nosotros mismos. Las artes meditativas y también las artes marciales, son un peregrinaje al centro de nuestro ser. Allí el paisaje interior se simplifica, y de pronto, empezamos a sentirnos en paz, en armonía con aquello que nos rodea.

Los caminos para encontrar nuestro propio centro, existen desde los albores de la humanidad, todos ellos intentan conectarnos con la realidad que nos rodea. Entre estos métodos se encuentran las artes marciales tradicionales, las cuales parecieran que únicamente nos llevan a desarrollar únicamente ciertas aptitudes físicas, pero solo en apariencia.

Un arte marcial es un camino (DO), una vía para la autorrealización que va más allá de la forma externa de la realización de las katas y la consecución de kyus y danes. Pareciera que el propósito único fuera la mejora en la destreza del combate, al tiempo que vamos progresando en la vía, bajo la atenta supervisión de nuestro sensei, el cual ha recorrido el camino antes que nosotros. Al tiempo que caminamos, nos damos cuenta que nuestro espíritu se va adaptando hasta caer en la cuenta en un momento dado, diferente en cada practicante, que algo ha cambiado para bien en nuestro interior. A estos momentos los denominamos satori o iluminación. Nuestro antiguo ser ya no es el mismo, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Estamos más centrados, más en armonía con el mundo que nos rodea.

Para conseguir esto, debemos tener clara la actitud que ponemos durante la práctica. En el budismo zen existe una palabra que define dicha actitud que debemos tener durante la práctica: MUSHOTOKU. Significa realizar la acción sin apegarse al resultado final. Esto no significa que no debamos querer realizar las técnicas de nuestro arte pretendiendo mejorar, significa realizar la práctica sin espíritu de provecho, sin esa avidez por obtener algo como resultado de la misma.

La práctica de las artes marciales japonesas, se fundamenta en tres principios denominados: Shin (espíritu), Gi (técnica), Tai (cuerpo).

  • Shin: Es el espíritu, el corazón o “kokoro” que debemos poner al realizar la práctica. Debemos realizar la práctica poniendo todo nuestro ser  en ella. Debe ser centrado, ni muy impetuoso, ni muy pasivo. La mirada, la manera de movernos, la mente distraída, nos delatarán y hará que nuestra práctica no sea la correcta y provoque en nosotros frustración o una falsa sensación de logro. Al tiempo que recorremos la vía, nos damos cuenta que el espíritu debe cambiar antes de entrar en el dojo. Cuando llevemos un tiempo realizando la práctica nos damos cuenta que el mismo espíritu que aplicamos en el arte marcial, poco a poco lo vamos incluyendo en nuestra vida diaria sin realizar un gran esfuerzo. Al final desarrollaremos un “kokoro ippai”, un corazón pleno que guiará nuestro camino.
  • Gi: Es el conjunto de técnicas (waza) que desarrollamos durante la práctica a lo largo de toda la vida del arte marcial. Es la teoría del arte marcial practicado, los kihon, las katas… Podemos tener una muy buena técnica, pero sin un buen espíritu que la domine seremos o como una estatua de piedra que simplemente es el reflejo de una forma o como un león con una gran melena en medio de la sabana, orgulloso de su poder pero en la más absoluta soledad al no tener con quien compartirlo. Con esto quiero decir que no solo debemos aprender el conjunto de técnicas, debemos de dotarlas de vida, encadenarlas, dotarlas de un ritmo y tiempo apropiado según requiera el momento de la práctica.
  • Tai: Literalmente lo traducimos como “el cuerpo”, pero tiene  un significado más amplio que la mera presencia física, en Tai debemos incluir la personalidad, la psicología de cada uno. De una manera muy reduccionista, podemos decir que son los rasgos que le definen a uno y la actitud que uno emana frente a su entorno. Como vemos es un concepto dual.

Queda un cuarto principio, un elemento invisible, practicado a cada momento de manera inconsciente. Este elemento es el hilo que aúna los tres elementos anteriormente citados. Hablamos de la Respiración. Si no tenemos una correcta respiración, nuestro espíritu estará disperso, nuestra técnica será deficiente y nuestro Tai inexistente. Nos agotaremos y nos frustraremos. Para entrenar la respiración tenemos innumerables técnicas, pero yo personalmente me decanto por la técnica utilizada durante la práctica de zazen (meditación budista zen) mediante la cual toda acción de inspiración y espiración parte del “Hara”. En términos muy básicos estamos hablando de una respiración abdominal, desde el centro de energía localizado en el bajo abdomen. Evidentemente determinadas técnicas según el arte marcial que practiquemos, exigirán que la respiración siga una determinada pauta según la energía que debamos transmitir a la técnica, pero siempre partirá desde el “Hara” que es el que generará la energía correcta para la práctica.

¿Quién dijo que las artes marciales eran solo dar y recibir golpes? Solo con el silencio interior, conseguimos armonizar el caos, nos anclamos en el aquí y el ahora y fluimos.

Os recomiendo leer el artículo El cerebro de un budoka escrito por Didac Arcas, para una explicación más científica y mejor comprensión de lo explicado en este artículo.

Por Félix Echeandía

Aprendizaje en las Artes Marciales

Durante la realización de la programación de las sesiones por parte del sensei (maestro, profesor, sifu, entrenador, etc.) se abordan los diferentes objetivos a alcanzar en función de la necesidad del alumno, de exámenes, de competiciones, etc. así como la definición de los métodos educativos para llevar a cabo dichos objetivos programados. Estos diseños elegidos se basan en los conocimientos del autor como licenciado en psicología y en su trabajo como educador social, así como en los años de experiencia en el Budo japonés.

ENFOQUES EDUCATIVOS

Se usa el modelo clásico conductista en el que el proceso de aprendizaje del alumno es el resultado de una suma de hábitos que son consecuencia de la imitación y la repetición de una serie de técnicas concretas. Este modelo es el clásico de las artes marciales japonesas basado en “imitación-repetición”.

Por otro lado, se trabaja en el denominado aprendizaje cooperativo, el cual, hace que el individuo llegue a trabajar en grupo de acuerdo a sus posibilidades y además, consigue que el individuo se integre en el trabajo realizando las tareas más positivas para el desarrollo del propio grupo (los alumnos trabajan juntos para lograr una meta común, participan y se hacen responsables de sus contribuciones, y el logro de la meta es mutuo, como por ejemplo los katas por equipos, las exhibiciones, la preparación de exámenes sin el sensei, etc.).

Otro abordaje está basado en la teoría del andamiaje, que se basa en la visión constructivista de Vygotsky con su concepto de zona de desarrollo próximo (ZDP) que trata de la distancia de lo que el alumno puede resolver por sí solo, y lo que podría realizar con ayuda o guía de una persona más capacitada, de esta manera se encontraría su nivel de desarrollo potencial. La información que presenta el maestro al alumno debe estar preparada para saber qué presentar y cuándo presentarla (programación) de manera que se pueda entender y mantenga un orden lógico de dificultad. Como en toda arte marcial, el aprendizaje implica una individualización que reconozca las capacidades de cada estudiante para desarrollar la tarea que se quiera presentar. La función final del sensei es la de apoyar al alumno y proporcionarle progresivamente la libertad cuando vaya adquiriendo el conocimiento (Shu-Ha-Ri).

Trabajos físico-técnicos (ejecución correcta, conocimiento de los movimientos, uso del cuerpo, bunkai, fortalecimiento físico, etc.) se realizan con una metodología Global – Analítica – Global. Incidiendo inicialmente en los aspectos generales de la ejecución, forma, conceptos básicos, etc., pasando por una fase más analítica de contenido y forma, para finalmente, volver a una visión global con todos los aspectos potencialmente integrados. Durante todo el programa, se realiza la repetición de técnicas trabajadas anteriormente, añadiendo paulatinamente elementos nuevos y aumentando la dificultad.

ENFOQUE PSICOLÓGICO

En la parte psicológica, se hace observación directa de las reacciones del alumnado en las sesiones de entrenamiento y fuera de ellas. Se procura realizar ejercicios de relajación y ejercicios de estrés para mejorar las capacidades del alumno en situaciones diversas. Se realizan feedbacks durante y al finalizar las sesiones, y se realizan entrevistas personalizadas con los alumnos. La intención de estas acciones es proveer a los alumnos de habilidades mentales para optimizar su rendimiento y aprendizaje, así como ayudar a entender la manera en que la mente influye en su rendimiento y definir estrategias para lograr los objetivos mutuamente propuestos.

El objetivo final es integrar todos los aspectos trabajados y formar a los alumnos de artes marciales en un sentido más global que específico. El trabajo técnico, físico y psicológico está dividido por graduaciones y capacidades, aunque tienen un objetivo común. La enseñanza individualizada tiene como objetivo prioritario no llegar a conseguir un máximo nivel de homogeneidad, sino buscar el nivel máximo de progreso personal de alumno de cada grupo y el máximo nivel de grupo.

LA PROGRESIÓN DEL ALUMNO

La metodología más usada es la progresión individual mediante la asignación de tareas, ya sean individuales o grupales, ya que es un modelo que se adapta muy bien a los grupos y permite que los budokas trabajen más de forma autónoma, aunque el sensei está controlando la actividad en todo momento. Durante toda la sesión se exponen los conceptos relacionados con la práctica y se demuestran. En todo momento el sensei está a cargo de la transmisión correcta de la información y como ejemplo con la reproducción de un modelo de movimiento ideal. El éxito en la realización de este tipo de tareas consiste en el grado de exactitud con que coincidan modelo y ejecución real; durante la parte final y vuelta a la calma se realizará el feedback para fijar conceptos, aclarar dudas o preparar las posteriores sesiones y objetivos.  

Los criterios de progresión se representan en un cinturón como símbolo de lo que se ha alcanzado en el entrenamiento (técnicas básicas, posición, equilibrio, coordinación, velocidad, fuerza, precisión, efectividad, etc.).

Nuestra metodología se basa en “Sin constancia no hay progreso”. La progresión en el grado, debe suponer un camino hacia el dominio del cuerpo y de la mente. El alumno no solo debe aprender las técnicas y estrategias propuestas en el arte, sino impregnarse de la filosofía y las maneras propias del arte marcial y de la cultura de la que proviene (Budo japonés). A través del pase de grados, no solo se debe mejorar la técnica, sino perfeccionar el carácter y la personalidad del practicante a través de la disciplina y la constancia.

Tanto el instructor como el alumno recibirán la formación directa de expertos nacionales o internacionales en cursos y seminarios, permitiendo a cada nivel, la progresión y el acercamiento a la cultura japonesa a la que debemos el arte marcial que practicamos. La enseñanza continuada y la constancia en los entrenamientos debe proporcionar un progreso físico y psíquico a medio y largo plazo, que sea constatable por el alumno (y el maestro) de forma objetiva y subjetiva, y que le motive para seguir avanzando en su progreso marcial.

Por Dídac Arcas (codirector RANAI DOJO)

Micro vs. Macro

Hoy os proponemos una reflexión de sensei Scott Langley, director técnico de HDKI Karate.

Estoy sentado en el comedor de Roberto Nearon, aquí en Detroit, un encantador amigo y miembro principal de HDKI USA. Lo conozco desde hace muchos años y mi visita anual a su hogar, familia y dojo siempre se siente demasiado breve.

Anoche, después de un largo vuelo transatlántico, estábamos sentados en Miller’s Bar, nuestro lugar habitual de los jueves por la noche cuando llego a Michigan, acompañado del desfase horario que comienza a golpear. Sin embargo, la hamburguesa de queso localmente famosa acompañada con un par de vasos de cerveza (Blue Moon) me ayuda a continuarhasta la hora de dormir. Ahora estoy despierto y descansado después de una buena noche de sueño y listo para una gira de cuatro días por cuatro ciudades de los Estados Unidos.

La conversación de anoche divagó como cualquier conversación de bar debería y a mitad de la noche me encontré citando a ciertos profesores cuyas clases había tomado mientras cursaba Antropología Social en la universidad. Existe la necesidad en cualquier comunidad, cultura o sociedad de tener conexiones muy locales. Estas micro conexiones proporcionan el marco de la red local. La familia es un ejemplo obvio de esto; tu madre, padre, hijo o hija. Estas son las personas en las que confías y que confían en ti a diario. Este es el tejido de nuestra vida interior. Más allá de eso, estamos conectados con nuestra familia y comunidad en general. Nuestras tías, tíos, sobrinas y sobrinos. No es casualidad que en la época colonial los niños de los británicos gobernantes llamaran a los adultos dentro de su comunidad tía y tío, no porque fueran parientes consanguíneos, sino en ausencia de familia, esta convención fue adoptada para hacer que la comunidad fuera funcional. Y luego, finalmente, más allá de la familia, tenemos nuestra comunidad, el maestro de escuela local, el carnicero del pueblo, la línea de vecinos de arriba a abajo de la calle, todos compartiendo una idea compartida de comunidad que sirve de cobijo social. usted puede preguntar ¿Pero qué tiene esto que ver con el karate?

A menudo pienso que mi dojo es mi familia de karate. Hermanos y hermanas en armas, entrenando duro, luchando, luchando la buena batalla. Son mis confidentes, mi círculo íntimo, el lugar donde puedo desahogar mis frustraciones e inseguridades y explicar mis esperanzas y deseos. Más allá de eso, tengo mi familia extendida, en mi caso el HDKI GB e Irlanda. Estos son los chicos que veo con más frecuencia. Son las tías y tíos, las sobrinas y sobrinos de mi familia de pseudo karate. Más allá de eso, pertenecemos a una comunidad más grande, el HDKI, que se ha creado recientemente y esperamos que se expanda de manera sostenible. La comunidad me hace feliz y sé por qué. Un modelo antropológico común para una comunidad exitosa, y con eso quiero decir feliz, es cuando un individuo tiene fuertes vínculos en su hogar. Esto se ve reforzado por un mayor número de enlaces dentro de su comunidad local, aunque sea menos frecuente o generalizado. Sin embargo, la guinda final del pastel, por así decirlo, es que los miembros de la comunidad tengan fuertes vínculos con otras comunidades. Permite la polinización cruzada de ideas, crea grupos y permite a las personas tener un mayor sentido de pertenencia dentro del contexto más amplio del mundo. Si se alcanzan estos tres niveles de conexión, la sociedad, en general, florece.

En mis días en JKS, solía enseñar para un talentoso karateka en Loughborough, cuya familia era de ascendencia india. Su familia era la quintaesencia de los indios británicos modernos, combinando las tradiciones, la cultura y el patrimonio del subcontinente con la sociedad británica. A menudo volaba el viernes, enseñaba el sábado y luego volvía el domingo. La primera noche pasábamos por el pub local, jugando al billar con sus colegas de trabajo, hablando de fútbol (que no tenía idea) y bebiendo cerveza. La noche siguiente estaríamos comiendo «sizzlers», maravilloso plato de la cocina india que nunca había visto en el menú de ningún otro restaurante indio en el que había estado. Mi formación antropológica despertó de un sueño de amnesia postuniversitaria y pude reconocer la funcionalidad satisfactoria de esta instantánea de la cultura británica moderna. Mi amigo tenía conexiones estrechas y étnicamente específicas en casa y dentro de la comunidad a la que estaba unido. Luego tuvo conexiones más amplias dentro de la comunidad general, dentro del trabajo y dentro del dojo. Luego finalmente tuvo una mayor conexión dentro del mundo más amplio (karate) siendo parte de un grupo internacional. La vida funcionaba como debía funcionar.

Sin embargo, lo que sucede cuando también perdemos un elemento. Imagine ser parte de una familia que vive al otro lado del mundo: los efectos psicológicos de esto en los emigrantes están bien estudiados. Imagina ser parte de una familia unida, pero nunca abandonar las cuatro paredes de la casa, nunca explorar la variedad de ideas, opiniones y vidas más allá de la familia nuclear. Creo que una existencia funcional es un equilibrio difícil de crear y una pequeña inclinación en la dirección equivocada puede volcarse fácilmente en la disfuncionalidad.

Para el karateka, la independencia puede ser una opción atractiva, libre del control de un grupo dominante, ansioso por regular las minucias de la existencia del dojo, pero también resulta en aislamiento. Igualmente aislar es la opción de permanecer conectado con el mundo en general cuando la comunidad local o nacional ha elegido lo contrario. Ambos ejemplos que he visto recientemente en mi vida profesional y simpatizo con las personas involucradas, obligados a tomar decisiones que solo producen grados de pérdida: no hay ganancia cuando no se puede alcanzar un equilibrio. Por supuesto, por un corto tiempo es posible dar la ilusión de una comunidad bien equilibrada. Las redes sociales tienen una manera de hacer realidad la aldea global. La facilidad de conexión, con notificaciones continuas en las redes sociales, una gran cantidad de algoritmos de emoji y google nos permiten vivir dentro de una burbuja que es difícil de explotar. Sin embargo, la verdad existencial que debemos enfrentar es la de una conexión auténtica. Una llamada telefónica de un amigo o un «osu» de un compañero de entrenamiento es infinitamente más valiosa que una llamada de un conocido a tres mil millas de distancia. Realmente creo que no se puede lograr nada solo que no se pueda mejorar en colaboración. Y como dice el proverbio africano, si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ¡ve acompañado!

Escrito por Scott Langley. Traducido por Dídac Arcas y Juan Manuel Ferrero.

Musha shugyō: la peregrinación del samurái

En esta ocasión os traemos un extracto del artículo de nuestro amigo el Doctor en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, el Dr. Sala Ivars, M. (2018). Musha shugyō: la peregrinación del guerrero. Una aproximación a la formación marcial del guerrero japonés a través de sus viajes, en Mirai. Estudios Japoneses 2(2018), 115-127 (artículo completo aquí).

Los samuráis completaban su entrenamiento marcial mediante un viaje a lo largo de la geografía japonesa para aprender de otras escuelas y en ocasiones, batirse con ellas poniendo a prueba sus aptitudes marciales. Sin embargo, estas peregrinaciones también comprendían otros aspectos como el religioso y el artístico en lo concerniente al sable japonés.

Las peregrinaciones en Japón y su relación con la clase samurái

Las peregrinaciones han existido en Japón desde los primeros tiempos de los que se conservan fuentes históricas. Al igual que en otros países, estos viajes estaban íntimamente relacionados con la religión, alcanzando a todos los estratos de la sociedad, entre los cuales se incluían los guerreros o bushi, que a partir del periodo Heian (algunos de ellos) empezarían a tomar el nombre de samurái. Las peregrinaciones religiosas comenzaron como un evento ligado a los monjes y sacerdotes que viajaban entre los diferentes templos de su orden, o al templo/santuario principal para conocer más sobre su fe y rendir culto a sus dioses. Sin embargo, pronto estos viajes se convirtieron en rutas tremendamente populares, movilizando a gran parte de la población en diferentes vías. Las peregrinaciones, no precisaban llegar a templos o santuarios para adquirir un carácter religioso, existiendo numerosas vías a montes y montañas sagradas de la geografía japonesa, entre los cuales destacamos: Fuji san, Kōya san y Tate san.

Los samuráis, como otros miembros de la sociedad, participaban en estas peregrinaciones religiosas, shintō o budistas, así como de los viajes a los montes sagrados, y los festejos que las reproducían en las grandes ciudades. Si algo definía a un samurái sobre otros aspectos era su carácter militar, en este sentido, los miembros de la nobleza guerrera japonesa cuentan con sus propias vías de peregrinación:

  • De una parte, estaban las peregrinaciones a las divinidades budistas o sintoístas que adorara su familia o clan.
  • En segunda instancia, se hallaban una serie de peregrinaciones focalizadas en lugares de culto para los antepasados de la familia, o bien de la escuela/escuelas marciales relacionadas con la formación del samurái (…).

Los samuráis no sólo se educaban en las artes marciales, su adiestramiento se componía del llamado bunbu ryōdō (la cultura/estrategia y marcialidad en uno). En este conglomerado de enseñanzas aprendían tácticas militares y filosofía, pero también caligrafía y diferentes artes tales como: adorno floral, artes del incienso o ceremonia del té. Por ejemplo, aquellos samuráis que se instruían en la escuela Ikenobō de adorno floral, era lógico que en algún momento peregrinaran al Rokkakudō de Kioto, edificio fundado por el mismísimo príncipe Shōtoku en el siglo VIII, y cuna de esta escuela de ikebana, la más antigua que se ha conservado (…).

A partir del periodo Edo, existió un motivo político por el cual se creaban a lo largo y ancho de Japón columnas de samuráis que cubrían la distancia entre su feudo y la ciudad de Edo. Este fenómeno se denominaba sankin kōtai, un edicto que promulgó el bakufu Tokugawa en 1635 para los tozama daimyō (señores feudales alejados de Edo), y en 1642 para los fudai daimyō (señores feudales cercanos a Edo) – shinpan daimyō (señores feudales familiares de los Tokugawa/Matsudaira). Este decreto obligaba a los daimyō a mantener una residencia en Edo, en la cual permanecerían en estancias alternas entre su feudo y la ciudad del bakufu. Las razones principales del gobierno para imponer este decreto eran: mantener un control sobre los daimyō, disponer de un gran contingente de samuráis en Edo, así como generar para los grandes señores un alto gasto que mermara sus arcas con los grandes costes de los traslados y de la doble residencia, y por tanto minimizara su amenaza.

A pesar de ello, los efectos colaterales del sankin kōtai sobrepasaron las expectativas del gobierno, favoreciendo la creación de caminos y vías, así como estimulando la economía de los pueblos de paso, posadas y paradas en el camino. A modo de ejemplo, cada vez que la familia Yamauchi de Tosa se trasladaba a su residencia de Edo, movilizaba entre 1500 y 3000 vasallos, de los cuales, más de la mitad eran samurái. En el trayecto hacia Edo muchos guerreros aprovechaban para observar las características de la vestimenta, la tipología y la decoración de los sables de las diferentes áreas por las que pasaban. Ya una vez en Edo, pese a que cada residencia era como un pequeño feudo del que era difícil escabullirse, aprovechaban las ocasiones de que disponían para comparar tanto sus conocimientos culturales, como habilidades marciales y vestimentas/complementos, con los samuráis llegados de otras partes del país, contribuyendo a una suerte de globalización de los feudos de Japón entorno a Edo.

Como hemos podido comprobar, los samuráis estaban muy acostumbrados a realizar viajes con todo tipo de fines: religiosos, de ocio, marciales, culturales y por obligaciones políticas. Si bien la mayor aspiración de un samurái era la vida sedentaria en un castillo o residencia sirviendo a su señor, no dejan de ser personas acostumbradas a una vida errante cubriendo grandes distancias a pie o caballo.

El musha shugyō, el viaje de adiestramiento del samurái

En la primera palabra no nos detendremos mucho en el análisis, pues musha [武者], significa “guerrero”, un oficio que cualquier samurái se suponía poder desarrollar. La segunda palabra, shugyō [修行], que significa estudio, es algo más de lo que significa al traducirlo al castellano. El término equivalente a la palabra estudio es benkyō [勉強]. Shugyō implica una profundización muy intensa en la materia en cuestión, hasta casi niveles de aprendizaje y ascetismo espiritual.

Durante el musha shugyō, el samurái toma parte de todas las connotaciones místicas y religiosas propias de un estudio sincero (shugyō) y las combina con ciertas prácticas de otros grupos tales como practicantes de shugendō (incorporación de prácticas relaciona-das con los elementos de la naturaleza) o yamabushi (monjes que peregrinan por las montañas mientras realizan prácticas similares al shugendō) en el sentido de un peregrinaje que muchas veces requería recorrer montañas y valles poco transitados con el fin de llegar a determinados destinos.

Un samurái se solía formar en las escuelas de su han (feudo), tanto en el aspecto cultural como en el marcial. Hablando de la práctica marcial, cada han contaba con varios centros de entrenamiento o dōjō. Cuando un samurái lograba completar el aprendizaje y la transmisión de su escuela, recibía un certificado que atestiguaba este hecho, el «menkyo kaiden». Sin embargo, la recepción de este honor no significaba el fin de un camino, sino el principio de una vía. A partir de este momento la única forma de seguir mejorando en la práctica era partir en un viaje (musha shugyō) por diferentes provincias y dōjō, aprendiendo nuevas técnicas y poniendo en práctica las ya asimiladas. De esta forma un samurái podía comprobar la valía de su escuela y la suya misma, mejorando aquellos puntos débiles, reforzándolos en la experiencia de haber conocido a otros practicantes marciales. En ocasiones, el samurái recibía el menkyō y sólo tras completar su musha shugyō, recibía el sello final que convertía el documento en un menkyō kaiden. En el caso de los estudiantes más notables, o de aquellos que tenían un linaje familiar con el director de la escuela (sōke), podían llegar a recibir el legado de sucesión de la misma, acompañando al documento algún objeto relacionado con el fundador de la escuela como un sable o una tsuba.

Una vez el samurái estaba en posesión de un certificado oficial de transmisión marcial y una carta de recomendación de su maestro, podía solicitar a su señor feudal o daimyō un permiso para viajar por uno o varios feudos de Japón con el fin de completar su formación. Este documento no se otorgaba a la ligera, siendo negado en muchos casos, pues suponía un gran honor y una enorme responsabilidad, ya que ese individuo representaría (para bien o para mal) a su feudo en el resto de Japón. Las fronteras entre los diferentes han estaban muy controladas, y cualquier abandono del feudo propio era considerado un acto de alta traición (dappan roshi), castigado con penas de prisión, confiscación de los bienes, destierro, y en los casos más extremos, la muerte por seppuku (suicidio ritual) (…).

El musha shugyō era a fin de cuentas una especie de estancia de estudios becada. En compensación, una vez terminado su aprendizaje, los samuráis debían volver al feudo para servir como instructores o miembros útiles de la sociedad. En ocasiones, también se exigía que llevasen un diario detallado de las escuelas que visitaban y los logros que iban consiguiendo en su viaje.

El final del musha shugyō y el inicio de una nueva era

Hasta ahora hemos visto como los guerreros realizaban diferentes tipos de peregrinación para afianzar y comprobar sus aptitudes marciales. Repasando brevemente la historia, es fácil caer en la cuenta de que, a medida que trascurrían los años, estos peregrinajes iban perdiendo misticismo y ganando empirismo práctico. Debido a las prohibiciones de duelos con armas afiladas que impuso el bakufu Tokugawa, los musha shugyō estaban dominados por el uso de herramientas de entreno fabricadas en madera, o bien cubiertas en sus partes peligrosas.

A pesar de esto, se seguían produciendo muchas muertes en los enfrentamientos, y en ocasiones, estas muertes daban lugar a un espiral de venganzas sin fin. Es por esto que los daimyō empezaron a conceder cada vez menos licencias de musha shugyō y se prohibieron los dōjō yaburi, reto al dueño de una escuela donde el vencedor se podía quedar con la escuela y los alumnos. Para lograr salvar esta situación, varias escuelas de esgrima jugaron un papel fundamental:

  • La Yagyū Shinkage ryū kenjutsu, desarrolló un tipo de espada recubierta de cuero, de manera que se podían realizar combates minimizando los daños que ocasionaba un sable de madera.
  • La escuela Maniwa Nen, incorporaba en su práctica con sables de madera una serie de protecciones para la cabeza y las manos.
  • La escuela Ono-ha Ittō, también empezó a utilizar unas protecciones para las manos y antebrazos.
  • La escuela Kashima Shin Jikishinkage, incorpora en el siglo XVIII las ideas de las escuelas anteriores, desarrollando las protecciones definitivas para bra-zos (kote) y cabeza (men).
  • Por su parte, la escuela Nakanishi-ha Ittō, creará una protección para el cuerpo (dō).

El arma también evolucionará hacia una espada de cañas de bambú que, combinada con las protecciones, reducían en gran número las heridas en combate. La escuela Hokushin Ittō ryū hyōhō, fundada a principios del siglo XIX, fue una de las principales difusoras de este nuevo tipo de combate, popularizado hoy en día mediante el kendō.

Con todos estos avances se redujeron en mucho las muertes, por lo que, en el siglo XIX, hubo un nuevo auge de los musha shugyō. Los dōjō yaburi se sustituían por taryū jiai o competiciones entre escuelas e individuos. Esto favoreció la fundación de multitud de centros de esgrima, así como la aparición de dōjō independientes que no se ligaban a ninguna escuela de bujutsu tradicional, practicando únicamente el combate con protecciones (…).

Tras el final del periodo Edo (1868) con la abolición de la clase samurái y la prohibición de portar sables (edicto hai tō rei – 1876), muchas escuelas antiguas (koryū) desparecieron, especialmente aquellas más tradicionales y de trabajo basado en armas. Pese a que siguió existiendo el musha shugyō, el taryū jiai e incluso eldōjō yaburi de manera clandestina, especialmente en el caso de las escuelas de jujutsu, estas tradiciones iban camino de la extinción. La prohibición estadounidense de practicar artes marciales tradicionales al finalizar la Segunda Guerra Mundial, llevó a un nuevo decaimiento de estas escuelas. Estudios recientes han demostrado que desde mediados del siglo XX hasta hoy en día, se ha producido una ligera recuperación de este legado. Sin embargo, el tiempo ha hecho que las escuelas se vuelvan cada vez más herméticas y restrictivas, queriendo mantener sus tradiciones intactas a todo coste, por lo que prácticas como el musha shugyō o el taryū shiai no son vistas con buenos ojos actualmente (…).