El cerebro de un Budoka

Ya sabemos que la práctica del deporte, en general, proporciona numerosos beneficios, por ejemplo, una investigación publicada en Current Biology concluyó, en 2016, que hacer ejercicio con intensidad media cuatro horas después del estudio favorece la memoria asociativa, que es la que tiene que ver con la segregación de dopamina y noradrenalina, hormonas que contribuyen al proceso de fijación de recuerdos.

Muchos de los alumnos del RANAI DOJO nos comentan que se notan mucho mejor (desestresados, tonificados, recargados de energía…) después de venir a practicar cualquier arte marcial o actividad física que realizan en el Dojo. También nos comentan que cuando están unos días sin venir, se notan más fatigados, con menos energía y más irritables. Parece que ante esas afirmaciones, hay constataciones científicas que corroboran que la actividad física y las artes marciales proporcionan beneficios a corto, medio y largo plazo en nuestro cuerpo.

EL CEREBRO EN LAS ARTES MARCIALES

Según numerosos estudios, las artes marciales no promueven la agresión (Woodward, 2009), de hecho, han sido utilizadas como una modalidad de tratamiento para personas que portan conductas violentas (Twemlow & Sacco, 1998; Vertonghen & Theeboom, 2010) y en pacientes con demencias (Wayne et al., 2014). 

Numerosos estudios sobre las artes marciales se centran en la importancia que tienen en el bienestar general de los seres humanos. Entre sus múltiples beneficios se encuentran: la práctica de la actividad física, el desarrollo de la auto-defensa, el conocimiento y prácticas de habilidades de combate, la auto-cultivación, la disciplina mental, el desarrollo de carácter, la mejoría de la capacidad aeróbica, balance, fuerza, flexibilidad y su uso como alternativa para alguna condición médica que requiera una salida alternativa a su tratamiento, como la obesidad, el cáncer o algunas condiciones psiquiátricas o de la edad adulta (Reid-Arndt, Matsuda & Cox, 2012; Sharpe et al., 2007; Woodward, 2009).

FUNCIONES Y VOLUMEN CEREBRAL

Según Gabriela Orozco Calderón, especialista en Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, el cerebro es el centro de comando de todo el cuerpo. Es el responsable no solo de que se tenga la capacidad de realizar funciones cognitivamente elevadas, tales como la toma de decisiones, la planeación a futuro en función de metas y la autoconciencia, sino también funciones básicas (como percibir el entorno) e importantes para la supervivencia, como aproximarnos a estímulos potenciales de recompensa (como buscar pareja, comer, beber) o alejarnos de estímulos aversivos que pongan en peligro real o ficticio la vida.

Las diferencias en el volumen cerebral encontradas en practicantes de artes marciales, comparados con personas sedentarias, reflejan un cambio neuroplástico que implica regiones cerebrales que responden al entrenamiento motor; y posiblemente a las demandas que implican estas tareas al usar movimientos complejos, planeación, control y ejecución de un acto que tiene una meta establecida. El incremento observado se debe, según algunos autores, a cambios del flujo cerebral, a la neurogénesis, sinaptogénesis, angiogénsis, a la expresión de proteínas, de genes y a la liberación de factores tróficos inducidos por el ejercicio físico (Lista & Sorrentino, 2010; Van Praag, 2008).

Realizar un ejercicio físico por medio de alguna actividad deportiva permite que el sistema nervioso se vaya moldeando. Jacini y colaboradores (2009) describen en practicantes de judo un aumento significativo del volumen de substancia gris en el lóbulo frontal relacionado con planeación y ejecución motora, en corteza prefrontal dorsolateral (implicada en la memoria de trabajo y el procesamiento cognitivo), giro temporal medial e inferior del lóbulo temporal, áreas paralímbicas relacionadas con los procesos de memoria y de aprendizaje motor; además, se observan cambios en los lóbulos occipital y parietal comprometidos con los procesos visuales asociativos y en la corteza del cerebelo vinculada con el aprendizaje motor. En practicantes de judo, karate, kickboxing y tang-soodoka se encuentra un aumento del volumen de substancia gris en área motora suplementaria, corteza premotora dorsal y en volumen de lóbulo temporal medial; estas áreas están relacionadas con habilidades motoras y con metabolismo aeróbico (Schlaffke et al., 2014).

El hecho de realizar actividades deportivas requiere de una flexibilidad constante en la conducta adaptativa ya que el medio ambiente del arte marcialista es variable y cambiante. Estas adaptaciones reclutan áreas cerebrales responsables de actividades neurales complejas como la percepción, la discriminación de estímulos, la toma de decisiones, la integración multimodal, el proceso de atención, la preparación y ejecución de movimiento (Nakata et al., 2010) y en muchos casos se ha descrito que de estas diferentes áreas cerebrales se tiene distinta actividad dependiendo de si el arte marcialista es experto o no.

BENEFICIOS NEUROPSICOLÓGICOS

Los beneficios neuropsicológicos incluyen mejoras en atención, memoria, habilidades motoras, visoespaciales y resolución de problemas, además de prevención del declive cognitivo (Del Percio et al., 2009; Vargas, Umaña & Rojas, 2002; Muiños & Ballesteros, 2013). Y por sus efectos positivo en variables cognitivas existen propuestas para que las artes marciales formen parte de los programas de estudio en escuelas públicas en norteamerica (Lakes et al., 2013). Estas disciplinas pueden ser practicadas desde la infancia y hasta la tercera edad. Algunas de estas propuestas han descrito que el practicar taekwondo, una hora a la semana durante un año, produjo un aumento en el balance postural, balance estático y la habilidad de orientación motora en adultos mayores y esto se atribuye a mejoras en los sistemas cerebrales responsables de la propiocepción, sistema vestibular y somatosensorial (Van Dijk, Huijts & Lodder, 2013.

Cabe mencionar que realizar artes marciales es gratificante para las personas y esto es un reflejo también de lo que ocurre en el cerebro ya que contamos con un sistema de recompensa cerebral que se activa cuando hacemos lo que nos hace sentir bien (Kalivas & Volkov, 2005). El ejercicio físico en especies infrahumanas libera neurotransmisores, afectando la síntesis y metabolismo de los sistemas centrales  dopaminérgico, noradrenérgico y serotonérgico cerebrales en diferentes zonas cerebrales responsables de la locomoción (striatum, hipocampo, núcleo accumbens, corteza frontal, médula espinal) y recompensa (hipotálamo, hipocampo, corteza cerebral) (Meeusen & De Meirleir, 1995; Meeusen, Piacentini & De Meirleir, 2001). 

Existen evidencias que vinculan la práctica de artes marciales y el deporte, en general, con sensaciones de bienestar o activación de áreas cerebrales implicadas con la recompensa. Szabo y Parkin (2001) indican que cuando se priva de realizar el entrenamiento habitual en karatekas expertos de ambos sexos se pueden observar alteraciones psicológicas del estado de ánimo (depresión, ansiedad,  entre otras) y emociones (irritabilidad, culpa, etc.). Bothe y colaboradores (2013) demuestran que la actividad física activa regiones y sistemas neuroquímicos asociados al sistema cerebral de la recompensa (dopamina, estriado ventral).

MEJORAS EN LA ATENCIÓN Y EL AUTOCONTROL

Las artes marciales consiguen mejorar la capacidad de atención y el estado de alerta de las personas que las practican. De acuerdo a los resultados de la investigación publicada en la revista Frontiers of Psichology, los investigadores determinaron que los resultados se incrementaban en cuanto a la capacidad para mantenerse alerta, la orientación (cambio de atención) y la atención ejecutiva.

El objetivo del estudio era evaluar el control mental de los participantes y poder determinar si las artes marciales en estudio podían conseguir beneficios sobre la atención, ya que son una actividad física que incluye aspectos de la meditación y el mindfulness. Para ello se estudiaron a un total de 48 deportistas adultos, de los cuales 21 solamente practicaban este tipo de deportes, mientras que los 27 restantes no habían tenido nunca un acercamiento. En el experimento no se consideró la modalidad de combate o especialidad que practicaban los participantes, teniendo en cuenta que algunas son más activas y otras más de meditación. El estudio determinó que los artistas marciales que llevaban más de 9 años practicando tenían un control mental más poderoso y una mayor aptitud para hacer frente a situaciones impredecibles al tener respuestas más adecuadas.

Tras una serie de ejercicios de motricidad, reflejos y respuesta, los investigadores comprobaron que quienes tenían mejores puntuaciones eran los que practicaban artes marciales, siendo los que llevaban más de nueve años los más sobresalientes.

EL CEREBRO DE UN CINTURÓN NEGRO

Victoria Gonzales, en el artículo de la revista Muy Interesante expone que un estudio que se publicó en la revista Cerebral Cortex reveló que la materia blanca del cerebro de los “cinturónes negros” se estructura de forma diferente a la del resto de los mortales.

Los investigadores, del Imperial College London, reclutaron dos grupos de voluntarios: los primeros eran expertos en karate con más de diez años de experiencia, mientras que el segundo equipo estaba formado por personas que hacían ejercicio regularmente, pero sin experiencia en artes marciales. Los científicos obtuvieron escáneres de sus cerebros, y midieron tanto la fuerza desplegada como la velocidad del movimiento al golpear. Los resultados revelaron que los karatekas experimentados golpeaban con más fuerza, sus movimientos estaban más sincronizados y mostraban diferencias acusadas en la estructura de la materia blanca del cerebro, en concreto en el cerebelo y en la corteza motora primaria, ambas zonas relacionadas con el control del movimiento.

“Los “cinturones negros” de karate son capaces de coordinar sus movimientos en un nivel muy superior al del resto”, ha explicado Ed Roberts, unos de los autores. “Esta capacidad parece estar relacionada con un ajuste fino de las conexiones neuronales en el cerebro, lo que les permite sincronizar los movimientos de brazos y tronco con mucha precisión”. 

Los científicos afirman que aún es necesario estudiar cuáles son las características de la materia blanca que determinan esta mayor habilidad. “Apenas estamos empezando a comprender la relación entre la estructura del cerebro y el comportamiento, pero nuestros resultados son consistentes con investigaciones anteriores que muestran que el cerebelo desempeña un papel fundamental en nuestra capacidad para producir movimientos complejos y coordinados”.

UNA MEJORA GLOBAL

El ejercicio físico contribuye a mantener una buena salud y a prevenir diversas enfermedades. Incluso, practicarlo de forma regular es una excelente vía para despejar la mente, tomar decisiones y alcanzar el bienestar emocional.

Según Francisco Aboitiz, Ph. D. Profesor Asociado de Facultad de Medicina de la Universidad de Chile “El entrenamiento del karate no debe ser considerado un mero ejercicio físico, sino que involucra además el desarrollo de regiones del cerebro que participan en elementos tan fundamentales como son la memoria, la atención y el balance emocional”. Los investigadores han descubierto que sin importar la edad o la condición, el ejercicio físico tiene efectos magníficos sobre las capacidades de aprendizaje y el bienestar emocional.

Muchos problemas emocionales se regulan y se pueden tratar mejor mediante el deporte y la actividad física:

Incrementa la autoestima porque al realizar actividades para el cuidado del cuerpo y ampliar los límites de exigencia física, también aumenta la percepción positiva que uno tiene de sí mismo.

Incrementa la felicidad por la activación de la producción de endorfinas. Unas sustancias químicas que actúan como neurotransmisores. Su función es la de reducir el dolor físico, y a la vez, crear una sensación de felicidad.

La actividad física es una excelente vía para disminuir la tensión muscular, lo cual incide significativamente en los estados de estrés. El ejercicio físico y el deporte contribuyen en el proceso de reabsorción del “cortisol”, también conocido como “la hormona del estrés”. 

Si se realizan actividades físicas con frecuencia, aumentan varias sustancias químicas en el cerebro que evitan la degeneración de algunas neuronas en una zona llamada “hipocampo”. Dicho de otra manera, el ejercicio físico contribuye a que nuestro cerebro se mantenga funcionando bien día a día y con el paso de los años. 

Autocontrol y mejora en conductas adictivas: por un lado, incrementa la sensación de control sobre el propio comportamiento y por otro, ayuda a construir hábitos de vida saludables y reduce los síntomas del síndrome de abstinencia.

Como hemos comprobado, el estrés diario de una ciudad como Barcelona puede suponer una agresión a nuestro cuerpo y mente. Una de las mejores maneras de solucionarlo es practicando deporte de forma regular. Desde nuestra experiencia, la práctica de un arte marcial te proporciona todos los elementos que cualquier persona necesita para mantener su equilibrio, su centro, su bienestar.

Por Dídac Arcas (codirector RANAI DOJO)

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