Introducción a la caligrafía japonesa

Hemos pedido a nuestro amigo Fernando Gómez, que nos escriba un artículo para nuestro blog. Fernando es instructor de Aikido, Jojutsu y Shodo (6ºDan Tôkashoin Ginebra) en el Dojo Mushin de Valencia:

Escribo este artículo con el ánimo de esbozar unas pinceladas que sirvan como introducción al mundo de la caligrafía japonesa. A primera vista, la actividad en sí no parece muy compleja, se trata de escribir los elementos propios del idioma japonés con pincel y tinta china sobre papel de arroz. Esta aproximación, que es válida como visión general, falta a la verdad en muchos detalles. Como ejemplos sirvan que en muchas ocasiones se eligen utensilios diferentes al pincel, como un bolígrafo o cualquier cosa que permita retener la tinta el tiempo suficiente para ser extendida sobre el papel, que el famoso papel de arroz no tiene nada que ver con el cereal y se fabrica con las fibras extraídas de distintos arbustos japoneses, o que en ocasiones no se trabaja ni con tinta ni con papel y el objetivo es grabar en piedra o madera.

De las diferentes formas para referirse a esta práctica, quizás la más extendida sea la de shodô. No obstante, merece la pena aclarar que existen dos vertientes en la caligrafía que nos interesa distinguir, la técnica y la artística, y que poseen sus respectivos términos en japonés: shûji (shû – aprender y ji – letra) y shodô (sho – escribir y – camino). La diferencia radica en que lo primero sería cómo se aprende a escribir bien, es decir a tener buena letra, y lo segundo sería el hecho de intentar convertir la escritura en un vehículo de expresión, pasando a un segundo plano la corrección formal. Teniendo en cuenta que somos occidentales, mucho de lo que hacemos durante nuestras sesiones sería más bien shûji, y su propósito sería ir familiarizándose con elementos tan ajenos para nosotros como los que componen el idioma japonés.

Aprovecharemos que ha salido a colación la lengua nipona para aclarar que en ella se usan simultáneamente diferentes elementos y todos ellos son objeto de interés en shodô. Los dos más importantes serían los sinogramas o kanji, que son caracteres que dotan de significado a las frases, y los kana, que son alfabetos derivados de los primeros y que se destina a usos tan variados como la gramática (hiragana) o la incorporación de préstamos lingüísticos de idiomas extranjeros o la representación de onomatopeyas (katakana). Los sinogramas son sin duda los verdaderos protagonistas de la caligrafía oriental y ya la etimología delata su origen. La palabra kanji (kan – Región de China; ji – letra) se puede traducir por letras de la dinastía Han o letras chinas por extensión. Hay infinidad de kanji, considerándose de uso común algo más de dos mil de ellos. Presentan diferentes rasgos que los hacen atractivos, siendo el formal, es decir su composición y estructura, el que más interés despierta para el aficionado a la caligrafía. Otra faceta, de cariz más etimológico, relata la historia que hay detrás de la elección de un kanji para un determinado significado y es un aliciente añadido, ya que revela en parte la forma de pensar de personas que vivieron hace más de tres mil años. Aunque se podría decir mucho más sobre los kanji, considero cumplido el objetivo de presentarlos.

En lo concerniente al material necesario, se puede decir que es relativamente escaso y, una vez uno decide empezar, debería ir pensando en comprar un pincel (fude), una barra de tinta (sumi), una piedra donde prepararla (suzuri), algo de papel (washi), una tela absorbente (shitajiki) y un pisapapeles (bunchin). Los cuatro primeros son los objetos verdaderamente indispensables y son conocidos en su conjunto como “los cuatro tesoros de la caligrafía”. Cada uno de ellos tiene su propio universo y adentrarse en ellos es otro aspecto que suele resultar atractivo para los practicantes de shodô. Encontrar estos elementos no es muy difícil y prácticamente en cualquier tienda de arte podrás obtenerlos a un precio asequible. Su calidad suele ser aceptable para una persona que empieza, pero cuando uno lleva cierto tiempo y desea disponer de mejores herramientas, la cosa se complica en España. O bien se acude a alguna de las pocas tiendas que importan productos japoneses, o bien se hace necesario recurrir a internet y buscar algún establecimiento especializado que sirva a nuestro país. En resumen, si se suma el desembolso inicial, los gastos por la reposición del material que se va desgastando y lo que se abona por las clases, no se suele tratar de una actividad especialmente cara.

En lo referente a cómo se desarrolla una clase imagino que cada profesor tendrá su propia metodología y, por tanto, sólo puedo hablar de cómo aprendo y enseño. En nuestro grupo, el peso del aprendizaje recae en la labor individual que se realiza en casa y ésta se complementa con una sesión presencial mensual donde se corrige el trabajo hecho durante el mes, se resuelven dudas y se proponen las nuevas tareas para el mes siguiente. Durante este encuentro se intenta replicar lo que se debería hacer en cualquier sesión que se haga de manera individual y transcurre como sigue: preparación de la tinta y estudio de los modelos a trabajar, repaso de trazos básicos y finalmente el abordaje de los modelos seleccionados. A este respecto cabe aclarar que según la experiencia de cada practicante se le propone un trabajo específico que cubre el estudio desde el punto de vista caligráfico de los kana y kanji, éstos últimos en los diferentes estilos que existen. Sobre este particular sólo mencionaré que existen cinco estilos principales: el estilo regular (kaisho), el estilo semicursivo (gyôsho), el estilo cursivo (sôsho), el estilo de los escribanos (reisho) y el estilo más antiguo (tensho) que generalmente se usa en sellos de piedra o madera. Con ligeras variaciones, el orden en el que se han presentado es en el que se suele ir abordando su aprendizaje. Cada uno de ellos presenta sus propios retos para el estudiante de caligrafía, de modo que se podría afirmar que el shodô es algo a lo que difícilmente se le puede poner límites, ya que es un proceso en el que siempre habrá cosas a perfeccionar.

Cuando me preguntan el motivo de dedicar a este arte parte de mi tiempo libre, me resulta difícil dar una respuesta concisa, y esto se debe a que los retornos que se obtienen de su práctica no son acordes con lo que se les exige a las aficiones en la actualidad, esto es, satisfacción intensa e inmediata. Más bien al contrario, el shodô suele dar muchos quebraderos de cabeza y, a priori, no tiene nada de atractivo o sencillo intentar replicar unos caracteres extraños en un papel en blanco con unas herramientas obsoletas a las que no estamos acostumbrados. No obstante, con el tiempo, se va siendo testigo de los avances que se van produciendo y se empiezan a notar los resultados de convertir en hábito esta práctica. En general se reconoce que, con dedicación, mejora la postura corporal, aumenta la paciencia y la capacidad de concentración, se facilita la relajación y se obtiene un cierto estado de bienestar. Si además te gusta todo lo japonés, es otra forma de aproximarse a su mentalidad y cultura.

He decidido dejar para el final el significado de shodô, que se podría traducir por el camino de la escritura. Como muchas artes de origen japonés, incluye en su nombre el famoso (道), y desde mi punto de vista esto es crucial, ya que se trata de algo más que un pasatiempo y, aunque no es obligatorio, se puede abordar como un camino por el que pasear sin metas ni duración definida.

Imágenes cedidas por Dojomushin.es

3 pensamientos en “Introducción a la caligrafía japonesa

  1. Agradezco enormemente este artículo. Responde de algún modo, algunas dudas que la practica del shodo me genera. Por otro lado, me crea dudas nuevas. Paciencia, relajacion, bienestar y felicidad, (finalmente), son cosas del (道).

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  2. Pingback: Cosas del “do”. | Mi aikido, mi iaido, mi jodo y mi kendo.

  3. Pingback: Interesante artículo sobre la caligrafía japonesa. – Hacemos shodo.

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