Este artículo está escrito por sempai Marc, que ha estado todo el mes de julio de 2026 realizando el Internship en el Hombu Dojo de HDKI en Dublín, Irlanda.
Aviso para navegantes
Querido compañero, compañera, compañere karateca, la entrada que estás a punto de leer pretende ser un aviso para navegantes, para aquellas personas que hayan decidido, no sepan si decidirse o quieran inspiración acerca de cómo mejorar su práctica en el arte del karate.
Este mes de julio he realizado el «internship» en Hombu Dojo, una estadía residencial, una inmersión a las profundidades del karate. Este mes ha estado marcado por varias sacudidas y mucho karate.

El origen: noviembre
El pasado mes de noviembre, después de varias conversaciones y una buena dosis de realismo, decidí embarcarme en una de las aventuras más intensas que he realizado en torno al karate. Hasta entonces, mi plan era aprobar los dos últimos exámenes de kyu antes de marzo para así tener seis meses para prepararme para el examen de Shodan y realizarlo en Japón durante el campeonato de septiembre.
A esto, mi sensei y Ross Stewart sensei me comentaron que esto suponía someterme a mucha presión, más de la que el propio examen de Shodan iba a generar, ya que en el campeonato habría muchísimos senseis señalándome los errores. En cambio, hacer el internship suponía someterme a un entorno en el que dichos errores se podrían corregir, no solo señalar.
Tras tomar esta decisión, acepté que los siguientes meses los dedicaría a practicar y mejorar mi práctica en el karate. O eso es lo que me pareció.
La cuenta atrás
Julio se iba acercando y con ello la necesidad de estar físicamente preparado para la intensidad del internship, con la particularidad de que también tenía que prepararme para el examen de 2º a 1º kyu. Poco a poco, la presión dejó paso a la frustración, y esta al desánimo. Sin saber qué me pasaba, iba semana tras semana a entrenar y salía con la sensación de no aprender, de estar desaprendiendo.
Hasta que un día me di cuenta: no me estaba esforzando. Me había acomodado en un nivel, en un tipo de rendimiento que no me permitía avanzar y me estaba haciendo estancarme.
Y julio llegó. Había aprobado mi examen de 1º kyu (me llevó dos oportunidades) y estaba muy emocionado de empezar mi internship.
Semana 1: la aclimatación
Scott Langley sensei aún no había llegado de un curso, así que los alumnos avanzados entrenábamos con Ross sensei. Fue una semana fantástica. Los primeros días fueron de aclimatamiento: iban señalándome las áreas de mejora y yo, en la medida de lo posible, iba corrigiendo.
Semana 2: el análisis y la caída
Al principio de la segunda semana, Scott sensei llegó, lo que supuso un análisis minucioso de todos los aspectos de mi práctica de karate. Cabe destacar que durante la primera semana ya había estado exhausto: llevar a cabo dos entrenamientos a un nivel de intensidad tal no era algo a lo que estaba acostumbrado.
A ese cansancio físico se le sumó una sensación de insatisfacción y frustración por la presión de tener que corregir los puntos señalados —que en mi caso fueron muchos—. Visto con perspectiva, eso fue exactamente lo que fui a hacer a Dublín, pero tenía la sensación de no estar haciendo nada bien. Esto se veía reforzado por la falta de refuerzo positivo; por suerte, Ross sensei se encargó de señalar los pocos avances que iba haciendo a lo largo del camino.
Después de la segunda semana, con mucha frustración y desespero a la espalda, Ross sensei me hizo darme cuenta de lo difícil que puede llegar a ser el internship, y de que la mente, al igual que el cuerpo, debe descansar, y eso es igual o más importante que el ejercicio.
Semana 3: la claridad
Gracias a esto pude retomar la tercera semana con más claridad y ganas de seguir andando por este angosto camino. Y poco a poco, paso a paso, he podido ir avanzando.
He podido tomar consciencia de qué bisagras se estaban moviendo al realizar según qué movimientos. He podido poner consciencia a la falta de conexión de mi centro en las técnicas y he podido corregirlo, activando mi abdomen en cada técnica. También he podido reducir la tensión de mi tronco superior en las técnicas, aunque esto es algo en lo que aún estoy trabajando, ya que se me acumula mucha tensión ahí, perjudicando mis técnicas.
Así mismo, también he podido mejorar el control de mi peso (aunque sigue siendo algo en lo que debo seguir entrenando), al igual que la aceleración de la pierna posterior —o back leg drive, en inglés— ya que ahí es donde toda acción o movimiento se genera.

Cómo eran los días
Mis semanas se han visto fuertemente condicionadas por entrenos intensos y descansos tensos.
Los entrenamientos matutinos han constado de una hora y cuarto de tabata realizando técnicas básicas de kihon y kumite; entreno con chaleco lastrado y lastres en los tobillos; práctica de las transiciones entre posiciones realizando katas en «ura» y «migi»; y trabajo con gomas elásticas en secuencias de kumite para entrenar la fuerza muscular, forzar al cuerpo a mantener una posición correcta y luchar contra la tensión de las gomas. Estos entrenamientos los he realizado en ayunas —como mucho me había comido una pieza de fruta una hora antes de empezar.
Las tardes han consistido en dar apoyo a dos sesiones, una infantil y otra con adolescentes, y entrenar en la sesión de adultos. La temática de las sesiones de adultos ha variado según el día:
- Lunes y miércoles —días de hora y media de clase— hemos practicado un kata avanzado por sesión: empezando con un bunkai de dos técnicas secuenciadas y añadiendo dos técnicas del kata cada vez, hasta llegar a una secuencia de ocho técnicas. Llegados a ese punto, realizábamos el kata de principio a fin varias veces, y finalizábamos la sesión en parejas, dando y recibiendo feedback sobre cómo mejorar.
- Martes y jueves eran para kumite. Los martes poníamos más foco en la preparación física, introduciendo 60 segundos de flexiones, abdominales o sentadillas por cada dos minutos de secuencias de kumite. Los últimos diez minutos eran para un ejercicio que llaman «la pirámide»: se empieza dando una patada (mawashi geri) o un puñetazo (mawashi tsuki) por cada lado y haciendo 5 flexiones o 5 burpees; luego dos por cada lado y 5 repeticiones, hasta llegar a 10, y de 10 se vuelve a bajar a 1 —siempre con las 5 repeticiones entre un escalón y el siguiente.
- Viernes era mi día de descanso, aunque hubo compañeros que entrenaban por libre a las 7 de la mañana y que intentaron convencerme para que me uniera. Prioricé mi descanso.
- Sábados había 2,5 horas de entrenamiento y 3 horas de clase, exclusivamente de kumite, ya que las personas del Dojo se estaban preparando para el campeonato de Japón (que tendrá lugar en septiembre de 2026).

Si estás leyendo este artículo y tienes dudas sobre si hacer el «internship» o no, yo te diría que no lo dudes, hazlo. Si sientes que necesitas mejorar en tu karate, hazlo. Si no crees que puedes hacerlo, prepárate físicamente dos meses antes y hazlo. Para mí ha sido un aprendizaje potentísimo de karate y, sobre todo, personal, en el que he podido conectar con mi vulnerabilidad, mi soledad y mi frustración, darles un espacio y poder seguir avanzando. Una de las frases que más me ha ayudado ha sido «no importa si no ves resultados, no pierdas el alma, sigue, los resultados llegarán».
Querido compañero, compañera, compañere karateca, gracias por tomarte tu tiempo para leer y conocer mi experiencia, espero que te haya servido.
